Si algún día existió el cuero negro hoy ya eso es cosa del pasado. La lycra baila y brilla al compás de la modernidad sonora en las mesas de baile con tubo concéntrico. Lycra multicolor ajustable y plegable de las mejores maneras al cuerpo; danzante y sagaz, frágil y pesada como los propios sueños e ilusiones de quienes ven en sus movimientos más que ese adelanto textil que llego para fortificar las perversiones de muchos.
Lycra danzante que en el mejor de los casos se despoja para vislumbrar lo inevitable, el sexo oculto mas visto y manipulado a esa hora, en esos minutos, en ese lugar lleno de sillas y mesas circulares acomodadas estratégicamente para el consumo de la carne, del licor embriagante y del polvo que asesina lo poco que queda.
Lycra danzante que desaparece para reencarnar en una nueva mas limpia, mas frágil pero que al pasar de los segundo devoradores inventados por el propio hombre, se endurece por el sudor expulsado del cuerpo incandescente de quien la porta. Lycra danzante que baila y desaparece en un numero infinito de ocasiones placenteras para tratar de desaparecer la pesadumbre y soledad que hoy mas que nunca se respira y exhala por el tracto respiratorio de todos. Lycra danzante que me recuerda a Alondra en sus mejores momentos y atuendos y que hoy vienen a mi al verla sentada en ese asiento de la autobús como una persona mas, como una persona menos que al bajar casi un cuadra antes de mi parada reviven aquellos deseos entrampados en estas manos y en esta voz que gritan bajan para alcanzarle y poderle decir…

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