Ya lo habíamos dicho mucho antes; mucho tiempo atrás sabíamos ya lo que sucedía en la región, en nuestro estado. Conociamos de las zonas en conflicto en la Laguna, de las desapariciones en el centro-Monclova-, de las narco fosas en Arteaga. Todos sabíamos, aunque pretendíamos no hacer caso, del color rojo que comenzaba a teñir las tardes y los amaneceres en esta tierra colindante con geografías iguales o más tensas en cuestión de inseguridad. Creíamos vivir en una burbuja llena de progreso y monstruos de cemento, de medicinas y uniformes de la gente; creíamos vivir en la perfección, aunque en el fondo presentíamos que algo malo se estaba gestando y desarrollando en las entrañas de esta sociedad.
El 04 de Marzo del 2010, el sueño, utopía mal formada, comenzó a derrumbarse aquí en Saltillo. Las ráfagas de pólvora surcaron los aires tranquilos de esta región entre montañas, comenzando a mostrar lo que oculto había estado durante casi un sexenio. Bastaron pocos meses de la salida del gobernador Moreira para que la cloaca explotara. La mierda contenida y generada por una sociedad indiferente nos estalló. La realidad penetró en los poros de quienes pensábamos que en Saltillo todo era diferente.
Pocos días después de ese 4 de marzo bastaron para qué parte de la sociedad comenzará a despertar. La inseguridad en la que está sumergido el país entero también moja y asfixia a Saltillo. Sin embargo la reflexión no fue, y no ha sido suficiente. La oportunidad de oro de la sociedad-llamada elecciones estatales-fue desaprovechada y una vez más nos condenamos a vivir en el oscurantismo exacerbado príísta.
Pronto nos enteramos de una deuda inmensa adquirida por quien un día bailaba sin preocupaciones en el estadio regional de beisbol, por quien contestaba domingueramente las afrentas de los pocos periodistas que lo cuestionaban sobre su autocrático accionar. El daño ya estaba hecho y seguía-y seguirá- lacerando al pueblo ya que nadie pagará por eso.
Como si no fuera suficiente la violencia sigue y se incrementa. Lo que antes era un pueblo tranquilo hoy es tierra de nadie. Autoridades locales incompetentes se evidencian con cada evento violento que estremece nuestra geografía. Autentica impotencia, lastimosa y dolorosa supura de quienes intentan vivir en este México-en este Saltillo- perdido.
Pronto nos enteramos de una deuda inmensa adquirida por quien un día bailaba sin preocupaciones en el estadio regional de beisbol, por quien contestaba domingueramente las afrentas de los pocos periodistas que lo cuestionaban sobre su autocrático accionar. El daño ya estaba hecho y seguía-y seguirá- lacerando al pueblo ya que nadie pagará por eso.
Como si no fuera suficiente la violencia sigue y se incrementa. Lo que antes era un pueblo tranquilo hoy es tierra de nadie. Autoridades locales incompetentes se evidencian con cada evento violento que estremece nuestra geografía. Autentica impotencia, lastimosa y dolorosa supura de quienes intentan vivir en este México-en este Saltillo- perdido.
Hoy 12 de octubre, octubre rojo, las balas, el miedo y la angustia volvieron a apoderarse del fresco de la mañana. Hoy no fueron buenos días los que levantaron a la mayoría de los saltillenses. Hoy fuimos secuestrados nuevamente por la delincuencia de unos y la inoperancia de otros.
La reflexión vuelve otra vez a nosotros. ¿Este es el Saltillo que queremos? ¿Estos son los gobernantes locales que necesitamos? ¿Volveremos a desaprovechar las oportunidades que tenemos para cambiar esto? Hoy sufrimos…hoy también tenemos la respuesta en nuestras manos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario