"Yo no se nada de la historia: Pero se que hasta hoy no se ha escrito la historia desde el punto de vista del hombre de la calle, del pueblo, del lector. Y ése será mi punto de vista"
G.K CHESTERTON

sábado, 26 de noviembre de 2011

Corona Club

Casi olvidado, en una esquina, en lo que algún día fue la transitada calle Hidalgo, se encuentra el Corona Club. Mítico por las personalidades que en algún tiempo (cuando la vida y la muerte eran más costosas) pisaron, y bebieron en aquel lugar, el Corona Club guarda celosamente en sus paredes las fotografías de aquellos años de alegría y bebida; retratos autografiados de quienes alguna vez fueron considerados insipientes estrellas de Hollywood fundidos con personalidades locales, sonrientes de un tiempo que solo en papel queda. Abres la puerta de madera, de otro siglo pero conservada, y ahí está el cantinero, casi con la misma pasta y porte del personaje de Robert Rodríguez en Pistolero, añorando esos momentos de folklor, en donde pisar Acuña era sinónimo de libertad. Hoy, como en muchos lugares de este México mutilado, solo los recuerdos quedan. También queda esa barra de cantina inmortalizada en innumerables filmes westerns y de balazos; al fondo las botellas acomodadas como si siguieran un algoritmo de amor y de perdición que solo el alcohol puede otorgar.
Los baños, la fuente y los cristales laterales son testigos y vestigios de un colorido que hoy simplemente son cosa del pasado.
Sentado en esa barra, con el caballito en la mano me transporto en espíritu a aquellos buenos años. Puede que vuelvan, pero por el momento solo estamos tres, el tequila, el cantinero y este trotamundos errante, enamorado fiel de este México y sus mejores rincones.

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