"Yo no se nada de la historia: Pero se que hasta hoy no se ha escrito la historia desde el punto de vista del hombre de la calle, del pueblo, del lector. Y ése será mi punto de vista"
G.K CHESTERTON

jueves, 10 de noviembre de 2011

Tolvanera

De repente me convertí en tolvanera; grande y espesa, amplia, casi aberrante. Me convertí en lo que nunca pensé. Arrasaba con todo lo que se me aproximaba. Más bien yo me aproximaba a ellos. Pueblos enteros, caminos incompletos, familias fracturadas, todo perecía ante mi presencia. No podía evitarlo, su muerte a mi paso, la unión de sus almas a mi tierra, a este polvo arrastrante y casi errante.


Villas enteras cayeron ante mí, casi sin poder evitarlo más de 40 mil almas eran arrastradas por este polvo danzante. Sin poder evitarlo la muerte y desolación se unieron a esta inmensa masa de aire y tierra que soy. Lágrimas y llanto se podía escuchar al arrasar con cada pueblo, buenos y malos, duendes y prostitutas, niños y niñas dejaban de existir, de respirar, por mí solo paso destructor.

Nunca pensé que siendo tolvanera pudiera causar tanta desolación, tanta destrucción fragmentada. De niño sabía que después del paso de cualquier tolvanera viene la calma; viene y se asienta junto con ella un dulce olor a tierra mojada. Esta tierra mojada silenciosa y pacificadora, capaz de calmar este polvo que desprendo. Espero algún día convertirme en eso, esa sensación de tranquilidad. Paz que hoy no puedo concebir.

De repente me convertí en tolvanera, y sin advertirlo me convertí en lo que nunca quise ser. Solo espero desintegrarme. Espero chocar con alguna masa de aire frio y húmedo que aminore, y de ser posible aniquile este dolor que llevo arrastrando. Los pueblos y villas ya me esperan, se preparan para combatirme, arman castillos débiles basado en su propia ignorancia, edifican muros de papel manchados de rojo, de su propia sangre; conocen sus limitaciones y aun así pretenden enfrentarme sabiendo tristes de antemano que poco pueden hacer, que es la misma naturaleza la que debe y tiene que acabar conmigo. Naturaleza que también reina sobre ellos, duendes y prostitutas, buenos y malos, niños y niñas. Naturaleza que también ha sido mancillada por ellos pero que sabia (no como yo) ha podido perdonarlos una y otra vez.

No sé cuando termine, pero sé que terminará. No sé cuántos más mueran a mi paso, pero sé que habrá más muertos, bueno y malos se unirán al polvo que arrastro, que cargo casi ya de manera inconsciente. Tolvanera praxis de la selección natural y un poco más.
Gritos, llanto y lágrimas seguiré arrastrando, culpables e inocentes, todos unidos por el mismo dolor, por este polvo que soy. Tolvanera casi interminable, alimentada por aquellos que lastiman, por aquellos que aman.

De repente me convertí en tolvanera. Seguro terminará, Ojalá sea pronto.

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