Nunca he entendido bien la narrativa y la poesía, o si son lo mismo o en que se diferencian. Nunca lo he entendido bien y pocas veces me he preguntado si verdaderamente comprendo los conceptos.
Las palabras se las lleva el viento, decía atinadamente alguien quien trataba hacerme entender
esos conceptos; solo le entendí esa frase. Así pues cuando el corazón me habla simplemente empiezo a escribir. A veces sin rima, a veces sin prosa, llanamente lo que se siente aquí adentro, y que a veces solo queda por escribir.
Generalmente nunca atendí la lectura y menos esto de escribir-tal vez por eso viene esa falla-o ignorancia-en los conceptos. Me dediqué a los números y a las ciencias pretendiendo esconder lo que el corazón quería expresar. La vida, pero sobre todo ella, me ha hecho cambiar.
Tal vez, también los tropiezos y los pecados mismos que nunca se borran y que siempre danzan para recordar lo humano que somos, han ayudado a que esto sea a veces un cuento y otras tantas poesía. ¡Novela no, cuento! Corto, así, conciso, directo, sustancioso y la mayoría de las veces mortal. Poesía también, cuando estás más de este lado, cerca del corazón y lo único que emana de éste tiene que ver con la tinta, la piel y algunos azules que descubrimos cierto atardecer.
Dispersos son también estos textos, porque así son también las llamadas del corazón. Hay días que la neblina cierra la visión. Hay otros en donde tu sol se deja ver e ilumina este lienzo.
Nunca he entendio bien la narrativa y la poesía, y tal vez jamás lo haga. Tal vez sea mejor para este corazón que solo quiere escribirte y permanecer aquí sin que te vayas.
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