Trate desviar mi mirada de esos muslos fulgurantes que
llegaban a un costado. Ni la lectura de Salinger que cargo en cada uno de mis
viajes tuvo la suficiente fuerza para evitar admirar la perspectiva izquierda. En su muñeca de forma sutil se leía un
tatuaje: Elizabetha.
Fue ahí donde empezó todo....

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