martes, 28 de agosto de 2012
Elizabetha. Capitulo 12 (parte I)
y le dijo: - Esto no es minificción, mucho menos un cursi microsueño, esto es la realidad de las casualidades, nada mas-. Escupió y se fue de largo.
No saber a dónde ver, no saber que aire respirar. Así se siente. Así lo sintió. No fueron las lágrimas las que dolían; no fue la sangre que corría por la cara y que se arremolinaba con ese montón de saliva llena de impotencia ante la realidad. Impotencia por querer hacer mucho cuando poco había ya por rescatar. Donde todo estaba por comenzar. Nunca comprendió que el dolor solo surge por lo que uno hace o deja de hacer.
El agua también hacia su labor de asfixia. Por si fuera poco la sangre, el llanto, la saliva, esa incesante lluvia que cae en estos días poco ayudaba a pensar, ni siquiera a conjeturar algo razonable. Pero, ¿cuando fue razonable? ¿Cuándo intento serlo? Tal vez la misma lluvia era un castigo de alguien quien mira desde otro lugar, siempre, dejándonos caer así, sin más.
Veía su teléfono celular, repetía las palabras. A veces en voz baja, a veces gritando para sus adentros…Nada, estaba sólo.
No comprendía en qué momento se perdió. En qué momento lo perdió todo. Mirar hacia adentro, ver hacia afuera de poco le servía. Las marcas de placer hoy solo supuraban el dolor del arrepentimiento, de la soledad.
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